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Conoce estas claves de resiliencia para dejar de sufrir

¿Te gustaría dejar de sufrir y superar tu adicción a la infelicidad? ¿Notas que la sombra de la depresión post-vacacional sobrevuela tu rutina?

Tranquila, no eres la única y no estás sola… pero el sufrir (de más) se va a acabar con claves de resiliencia y psicología cognitiva. ➡ 

Como viene siendo habitual, hoy abrimos este post de la mano de una de mis pacientes diamante. “Vanesa”, en una de nuestras últimas sesiones, compartía conmigo la siguiente demanda, en forma de pregunta:

Fíjate que volví hace unos días de mis vacaciones y ya no me queda ni una chispa del descanso de las últimas semanas. Ando en plena depresión post-vacacional.

¿Por qué sufro tantísimo en mi vida, Cris? Me muevo constantemente entre el sufrimiento y la ansiedad. Aparentemente lo tengo todo, pero no logro conectarme con la felicidad y el bienestar.

Termino todos los días saturada de las exigencias de mi jefe, de las trifulcas con mi pareja, de las demandas de mi hija, de las llamadas de atención de mi madre, etc. Esto es un sinvivir.  

A veces pienso que mi mente es mi mayor fuente de infelicidad e insatisfacción, porque no logro estar relajada y feliz ni un momento.

La cabeza me hace la zancadilla con tanto “centrifugado mental”, sobre-analizando lo que pasó – lo que está pasando – lo que pasará, etc. Me gustaría dejar de darle tantas vueltas a las cosas, y sobre, todo, dejar de sufrir por todo.

“Vanesa”, 37 años, ingeniera, Madrid.

¿Cómo te quedas con las palabras de “Vanesa”? ¿Te identificas con su espíritu de “mártir” o “sufridora”?

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¿Eres del club de las “disfrutonas” o del club de las “sufridoras”?

  • Está claro que hay personas “disfrutonas”, “felicianas” y adictas a los placeres y las emociones positivas; al margen de las circunstancias externas. Seguro que tienes, en tu entorno, algún referente positivo de estas características.

  • En el otro extremo del continuo, nos encontraríamos a personas que son adictas al dolor: personas adictas a sufrir.

Seguro que conoces a alguien que se pasa la vida sufriendo, quejándose y victimizándose por todo. Conciben su vida, sus relaciones de pareja, el trabajo o la paternidad como un camino pedregoso y plagado de malestar.

¿Conoces a una persona de estas características? Mírate al espejo con honestidad para descartar de una vez que esa persona “ceniza” lleva una cara como la tuya. 🙄 

¿El hilo conductor de tu vida es “apretar dientes” y sufrir?

La adicción al sufrimiento, ¿qué es eso?

De forma muy sintética, la adicción al sufrimiento refleja la tendencia de algunas personas a sufrir más que a disfrutar y sentir placer en la vida.

Dolor y sufrimiento… aprende a diferenciarlos

Déjame recordarte que que el dolor y el sufrimiento son dos cosas diferentes.

  • El dolor es algo natural que se manifiesta en cualquier momento, es una sensación desagradable y que puede lastimarnos profundamente.

  • Por el contrario, el sufrimiento es una situación mental. Una persona es “sufridora” cuando adquiere una actitud de queja o lástima, mostrándose así insoportable.

Aunque parezca difícil de creer, muchas personas son adictas al sufrimiento. Es decir, eligen al sufrimiento como forma de vida y lo convierten en un (mal) hábito aparentemente incontrolable e irrenunciable.

Y tú, ¿por qué crees que sufrimos tanto?


Échale la culpa de tu sufrimiento a tus “peces cagones” y a tus “centrifugados mentales”

Mi paciente “Vanesa” nos ha dado una clave muy importante en su demanda inicial… nuestros centrifugados mentales nos hacen sufrir y pueden formar parte de nuestra adicción a la infelicidad.

A estas alturas, seguro que tienes claro el impacto psicológico que suponen los peces cagones en tu pecera mental. Si necesitas una vacuna recordatoria, no dejes de revisar el contenido del post: ¿Piensas demasiado? Aligera tu equipaje mental ahora. 

Al hablar de peces cagones, hacemos referencia a esos “vecinitos tan molestos, cenizos y disruptivos” Ese conjunto de ideas irracionales (sobre ti, tu entorno y tu futuro) y el conjunto de distorsiones cognitivas con las que sueles filtrar y valorar lo que te ocurre.

 

Lo que te hace sufrir: la brecha entre tu imaginación y tu realidad

Al hilo de las premisas cognitivas anteriores, creo firmemente que sufrimos porque nuestra imaginación, maravillosa para crear obras de arte y todo tipo de artilugios y servicios útiles, también nos juega malas pasadas.

La imaginación nos va a la contra cuando hay un desajuste de expectativas entre lo que yo fantaseo y lo que la vida me devuelve: LO QUE ES.

Todas y todos, con nuestra “mente de mono borrachín” imaginamos, construimos, interpretamos, idealizamos, anticipamos, recordamos todo tipo de cosas, situaciones, relaciones, personas y escenarios futuros que NO son reales.

Y claro, cuando la vida nos enfrenta a la REALIDAD en mayúsculas, una realidad neutra pero no siempre positiva, ni controlable, ni modificable… nos pegamos el “ostión”.

Golpe de realidad en toda la cara y momento de sufrir. ¡Boooomm!

Tu mente… maravillosa y eficaz con algunas tareas, pero también con sus “taritas” de funcionamiento para tu felicidad

Eso es, amiga… Tu mente es maravillosa cumpliendo muchas de sus funciones de atención, percepción, concentración, elaboración – refutación de hipótesis, toma de decisiones, razonamiento lógico, etc. etc.

Pero, por otra parte, tu mente también tiene sus defectillos de fábrica, como máquina creadora non-stop de significados…

Y la mente se nos puede descontrolar como un caballo desbocado, y es capaz de pasar, en menos de un pestañeo, del escenario más idílico y paradisíaco a la peor de tus pesadillas.

Digámoslo claro, tu mente te engaña y te juega a la contra…

Tú no eres tu mente, así que no le hagas tanto caso a sus contenidos.


Si quieres dejar de sufrir, te toca trabajar poniendo tu mente a tu favor

Quítale credibilidad a tu mente y sus fantasías “locuelas”, poniéndolas en cuarentena

Una manera de ir dándole menos credibilidad a tu mente y a tus fantasías “locuelas” implica utilizar el ¿“y si…”? o ¿“Qué ocurriría si… “?

La premisa diferencial es que a este “y si…” no le acompaña una anticipación negativa o un posible escenario catastrofista (que, en el 90 – 95% de las ocasiones no se cumplirá)…

No tiene por qué ocurrir o darse ese escenario tan terrible, así que no te “cases” con ese “pez cagón” de la anticipación ansiosa.

Recuérdalo:

Posible es (casi) todo, pero debemos ceñimos a probabilidades o estadísticas. Vamos a intentar quedarnos en el lado bueno de las estadísticas y confiar en nuestra capacidad para resolver cualquier tipo de situación o dificultad.

En esta ocasión, este “y si…” irá acompañado de un intento de solución y experimentación diferente:

  • ¿Te has planteado que ocurriría si probases a valorar tus situaciones o condiciones vitales, en un continuo que abarca desde Genial a Terrible, de una forma más moderada y positiva?

Si valoras tu momento actual como TERRIBLE, eso significa que estás en tu punto máximo de INFELICIDAD. Esa dificultad o problema…

  • No tiene solución
  • Es irreversible
  • Es insuperable
  • Y es incompatible con cualquier tipo o formato de felicidad.

El siguiente gráfico recoge un ejemplo muy simple de la forma en la valorar una situación o condición vital, como una ruptura sentimental. Algo que todas y todos hemos vivido y podemos volver a vivir.

  • Si crees que romper con tu pareja es un poco malo, tu emoción será de tristeza o disgusto moderado.
  • Si juzgas que romper con tu pareja es Terrible, tu emoción será, lógicamente, de ansiedad o depresión.

Lo que tú y yo tenemos claro es que una ruptura duele un tiempo, pero que no es ni irreversible, ni insuperable, ni irreparable ni incompatible con nuestra felicidad. ¿Hasta aquí estamos de acuerdo?

  • ¿Qué pasaría si bajases el volumen de tus pensamientos, todo ese ruido interior que te hace pasar de un estado emocional a otro en cuestión de segundos?

  • ¿Qué ocurriría si aprendieras a aceptar que las cosas son como son y no como te gustaría que fueran?

  • ¿Y si combinas todas las premisas anteriores?

Tengo una posible respuesta para ti y es una gran noticia:

Si atenuases todo ese ruido mental y comenzases a aceptar y comprometerte con TU situación actual o TU realidad, te frustrarías mucho menos, te enfadarías mucho menos, te harías mucho menos daño a ti misma y a los demás.

Y como premio a esa renuncia a la infelicidad, agradecerías y disfrutarías mucho más cada placer en tu vida.

Todo ventajas, ¿no crees?


Pásale la prueba del algodón a tus pensamientos

La próxima vez que te descubras en uno de tus bucles mentales infinitos, prueba a pasarle la prueba del algodón a tus pensamientos dándole respuesta a estos interrogantes o filtros:

  • ¿Ese pensamiento es realista?

  • ¿Es positivo?

  • ¿Me sirve para resolver mi situación o dificultad actual?

  • ¿Me genera bienestar?

Si tu pensamiento no ha pasado estas cuatro rejas de realidad, toca cerrarle el paso o reformularle, en términos más realistas, positivos, útiles y placenteros.

Seguiremos hablando mucho y bien del proceso de reestructuración cognitiva con tus peces cagones, pero ahora vamos a detenernos en otro punto fundamental de tu trabajo cognitivo: la ACEPTACIÓN.


Aceptar y reestructurar… todo es empezar

ACEPTAR… Qué bonito verbo

ACEPTAR: Un verbo que puede molestarnos y frustrarnos, pero que es tremendamente útil y necesario para ejercer nuestra resiliencia y darles un puntapié a muchas de nuestras neuras.

Parafraseando a Jodrowsky…

Las cosas son como son. Sufres porque las has imaginado distintas.

Recuerda, entonces, que no eres la prota de un vídeo musical. ¡Y tampoco necesitas serlo!

… Porque no necesitamos vivir constantemente en una montaña rusa de emociones, fuegos artificiales y gominolas de corazón (y la pandemia ha sido una gran maestra, en ese sentido). 😎 

… Y porque todas y todos podemos, con un extra de Resiliencia, Humor y Amor, convivir con la incomodidad y con LO QUE ES, chimpún.

La vida mancha y NO necesitas una realidad perfecta. ➡ 

¿Tienes deseos o tienes necesidades reales? 

De hecho, necesitar, necesitar, necesitamos muy poquitas cosas: un poco de agua, de comida, un techito, una hoja de parra y afectos que nos calienten el alma. A partir de ahí todo suma, así que…

Te invito, una vez más, a convertir tus exigencias en “preferencias” sanas y razonables. ➡ 

De hecho, todo apunta a que San Francisco de Asís dijo, al final de su vida…

Cada vez necesito menos cosas y las pocas que necesito, las necesito muy poco.

Y, al hilo de lo anterior, una dosis de incomodidad, de vez en cuando, también supone un entrenamiento perfecto para nuestra resiliencia

En este sentido, mi colega Santandreu indica, incluso, que, con una mente bien amueblada podemos ser felices en cualquier sitio, ¿incluso en un vertedero? 

Como puedes apreciar, no hay grandes trucos para dejar de sufrir… Todo depende de las “gafas de mosca” o de “abeja” que te pongas para mirar tu realidad y cambiar la perspectiva de las cosas es algo que sí puedes controlar y que sí depende de TI misma.

(Casi) siempre podrás elegir tu mejor actitud.

Aprende a reformular tus valoraciones o juicios

Las palabras son los ladrillos de tu mente, así que, a partir de ahora, prueba a reformular tus valoraciones o juicios…

Ejemplo 1… ¿Con qué tipo de mensaje te identificas más?

  • “¡Qué pena que ya se han acabado las vacaciones! Ando depre total porque el viaje pasó muy rápido” – Modo infantil, cenizo, neurótico, quejica y victimista ON.
  • “Qué suerte haber podido disfrutar el viaje al máximo. Soy una afortunada que puede disfrutar un mes de vacas al año. Ahora a volver al curro con las pilas bien cargadas y a pensar en los próximos refuerzos positivos que me voy a regalar”. – Modo adulto racional, coherente, empoderado, resiliente y “disfrutón” ON.

Ejemplo 2…  Y ahora, ¿con qué tipo de discurso te identificas más?

  • “¡Mi jefe me saca de quicio con sus exigencias constantes, y no le aguanto! Él debería tratarme con más flexibilidad y valorarme más en las reuniones” Modo infantil, cenizo, neurótico, quejica y victimista ON.
  • “Ya que no puedo elegir a mis jefes, mis compañeros o mis clientes, voy a elegir mi mejor actitud, porque mi jefe es una especie de “mensajero” en mi trabajo y me está enseñando cosas valiosas. Es la oportunidad perfecta de entrenar mis habilidades sociales y mi paciencia”. – Modo adulto racional, coherente, empoderado, resiliente y “disfrutona” ON.

Tu objetivo de resiliencia para dejar de sufrir

La premisa es sencilla…

Debes encontrar el equilibrio entre permanecer en la zona de influencia y control (haciendo cosas útiles y significativas para ti y para los demás) y practicar, en paralelo, un ejercicio de confianza (en TI, en el mundo que te rodea y en tu futuro).

No es optimismo iluso ni ley de la atracción… es Psicología Cognitiva en estado puro.

Implica empoderarte y confiar en tu fortaleza, porque “al final lo que sucede, conviene” y puedes Aceptar y Comprometerte con lo que “ES”.

Si partes de la premisa de que necesitas muy poquitas cosas para ser feliz, y que no merece la pena preocuparse por pequeñeces (porque casi todas las cosas son pequeñeces), podemos concluir que…

Al final, una vez superadas nuestras neuras: esa “necesititis” y “terribilitis”, de las que nos habla mi colega Santandreu, (casi) todo sale bien (y todas las piezas de la resiliencia psicológica encajan…).

Y si no sale bien, es que no es el final. :mrgreen: 


Es hora de dejar de sufrir entrenando tu musculatura psicológica

Lo sé. Introducir este tipo de cambios en nuestros diálogos internos y externos no ocurre de la noche a la mañana, pero tus bíceps tampoco se entrenan solos, ¿verdad?

Este trabajo de toma de conciencia – aceptación – compromiso y reestructuración cognitiva requiere mucho entrenamiento, pero el resultado de “perseverar – perseverar – perseverar” en el entrenamiento de tu musculatura psicológica y tu resiliencia merece la pena, y mucho. ¡Te va la felicidad en ello!

Poquito a poco, “a mordisquitos”, te convertirás en cazadora de tus “peces cagones” e irás cambiando tu perspectiva (y tus gafas) aplicando, una y otra vez, los ingredientes de Resiliencia, Humor y Amor.

Un ejemplo de trabajo en resiliencia

“Vanesa” comparte contigo cómo evoluciona su trabajo cognitivo y racional con la resiliencia, la aceptación y el compromiso:

Yo noto que antes algunos de mis “peces cagones” favoritos tendían a quedarse “centrifugando” en mi pecera mental durante semanas, y yo alargaba ese malestar con la sensación de no poder controlar nada… Me sentía indefensa y a merced de los caprichos de mi mente de mona.

Ahora, poco a poco, con este cambio de perspectiva más racional, apoyado en las claves de aceptación y compromiso, en uno o dos días corto el bucle, y ya me siento como nueva.

Por fin tengo la mente más libre, más calmada y más fuerte. ¡Siento como si me hubiera dado una pausa o unas vacaciones mentales!

Ahora puedo tomarme las cosas menos en serio y ahorrarme mis momentitos de “drama queen”, ja, ja, ja. 😉.

He descubierto que mi mayor enemiga o mejor amiga está dentro. Y ya tengo claro a quién quiero dar de comer (un buen guiso de racionalidad, aceptación, resiliencia, humor y amor). 😉.

“Vanesa”, 37 años, ingeniera, Madrid.

Yo no podría haber resumido mejor los enormes logros cognitivos (pero con calado a nivel emocional y conductual) de mi paciente “Vanesa”

Te invito a replicar tú misma un proceso similar de “reprogramación” hacia la aceptación y el compromiso.

Y tú… ¿A quién decides alimentar? 

 

 

Rodéate, durante el proceso, de pensamientos, emociones, conductas y personas “medicina”.

Y, no te cortes a la hora de pedir ayuda: ¡déjate apoyar!

Y tú, ¿te decides a dejar de sufrir? 

 

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¡Un abrazo y hasta pronto!

Cris. Decideteycambia.

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Soy Cristina Centeno, psicóloga y expatriada feliz. Te muestro claves de psicología y coaching que te ayudarán a soltar lastres, a zambullirte con humor y confianza en la incertidumbre, a liberarte de tus miedos y tu apatía, a tener más claridad, firmeza y autenticidad a la hora de decidir y cambiar y, sobre todo, a liderar la vida que realmente quieres y mereces.

 

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