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¿Triunfadora por fuera, pero sientes apatía por dentro?

“Me comporto como una triunfadora, de cara a la galería, pero siento una gran apatía por dentro” (Susana, 39 años). 

Hace unos días compartía mi primera sesión con “Susana”: una mujer encantadora de 39 años, que se mostró, durante media hora, muy sonriente y parlanchina.

Estuvimos abordando juntas las dificultades que quería resolver y los intentos de solución que ya había probado antes.

A pesar de su lenguaje manifiesto y de su cara radiante, en la segunda parte de la sesión Susana, compartía lo siguiente:

“Desde que empecé a teletrabajar con el primer confinamiento, mi estado de ánimo empezó a ir en picado. A pesar de mi fachada de alegría y productividad, por dentro me siento realmente en ruinas, e incapaz de encontrar motivación diaria para levantarme de la cama. Paso gran parte del día en modo robot y haciendo lo que se espera de mí: como madre, hija, contable, esposa, amiga, etc.

No me muestro natural ni genuina al relacionarme con los demás, pero me aterra la posibilidad de mostrarme vulnerable. No quiero destruir la imagen de mujer productiva, que sabe lo que hay que hacer, y me da miedo perder la aprobación de los demás”.

¿Te resuenan las palabras de Susana?

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¿También te pones un antifaz para tapar esa brecha entre la persona que aparentas ser y la persona que realmente eres?

Por esa brecha de disonancia pueden colarse, con más intensidad aún, tu apatía y tu desmotivación.

Esta brecha se abre por la falta de coherencia entre lo que piensas, lo que sientes, lo que dices y lo que finalmente haces.

Unas pinceladas sobre nuestros intentos de recuperar la coherencia: la disonancia cognitiva

La teoría de la disonancia cognitiva, explica, según Festinger, cómo las personas tenemos una fuerte necesidad de intentar mantener la consistencia y coherencia interna de las creencias y de las ideas que hemos interiorizado; evitando contradicciones entre estos elementos de “nuestra bodega mental”.

Cuando se da inconsistencia, el conflicto conduce a la falta de armonía en las ideas que mantenemos; algo que suele generarnos ruido y malestar.

En el campo de la psicología la disonancia cognitiva se define como la incomodidad, tensión o ansiedad que experimentamos cuando nuestras creencias o actitudes entran en conflicto con lo que hacemos.

Este malestar o ruido puede llevarte a un intento de cambiar tu conducta o a defender tus creencias o actitudes (incluso llegando al autoengaño, como describe Susana) para reducir tu incomodidad.

La función protectora de la disonancia

Es cierto que la disonancia también tiene una fución protectora. Las personas con baja autoestima y, que no se valoran suficiente, tienden a mentir para esconder lo que consideran debilidades, creando corazas y máscaras que esconden lo que realmente sienten.

Y curiosamente lo que ocurre es que las personas del entorno las tratan como piensan que son, es decir, según la cara que les muestren. No obstante, personas como Susana, en su interior se sienten incomprendidas y aún más apáticas o aisladas.

 

Por eso es fundamental que no te hagas trampas.

No deberíamos entrar en el juego, de intentar canjear el afecto o la aprobación de los demás, con corazas ni máscaras de ningún tipo.

Debes ser consciente de los momentos en los que estás usando el mecanismo de la disonancia cognitiva, para no llegar al autoengaño, la crítica y la mentira. Un lugar de difícil retorno. 😕 

Aprovechemos estas reflexiones de mi paciente Susana para revisar qué se esconde detrás de esta disonancia y de este miedo a mostrar estados emocionales incómodos como la apatía.

 


Tiempos de pandemia y de apatía

En un noviembre de pandemia, de nuevos confinamientos y de días más fríos y cortos, en este lado del hemisferio, tal vez te invada una sensación extra de pereza, desidia, agotamiento y desmotivación general.

Puede que, de hecho, te pongas, como mi paciente Susana, la máscara para interpretar a una persona productiva, de éxito, satisfecha y segura de sí misma…

Sintiendo, en la intimidad, aburrimiento, desinterés o desaliento, al pensar en ti, en las personas de tu entorno y en tu futuro.

Y no eres la única y no estás sola, de hecho.

Los datos apuntan a que 6 de cada 10 personas se sienten apáticas en la actualidad por la pandemia.

¿Hemos aprendido a convivir con el virus de apatía en tiempos Covid?

No es la primera vez que hablamos de apatía en nuestra embarcación, y ya sabemos que…

La apatía apunta a un estado de desinterés y a la falta de motivación o entusiasmo personal. Tenemos claro también que…

Este virus implica indiferencia ante cualquier estímulo externo (como pueden ser las relaciones y comunicaciones con nuestros seres queridos).

(Casi) todas atravesamos rachas de apatía, pero fingir no suele ser la solución

Es cierto… No es un estado agradable ni favorecedor ni sentir empatía ni relacionarse con alguien permanentemente apático y desmotivado.

Sin embargo, fingir que “todo va bien” y “que podemos con todo” puede generar un problema mayor de falta de autenticidad en nuestras relaciones y comunicaciones con otras personas.

No atravesamos tiempos fáciles ni normales, pero la sonrisa mecánica y fácil abre una brecha clara.

En esta crisis que nos afecta a todos, el objetivo que nos une e iguala, como gran familia humana, es mantener la integridad física, económica, social, sentimental y mental.

Todos lidiamos, en un equilibrio inestable con nuestros temores, nuestras angustias y con cierto estado de apatía y desorientación a cuestas. Así que hagámoslo más fácil, en las relaciones y los puentes que intercambios con los demás.

Optemos, entonces, por reconocer y aceptar que estamos en un momento extraño, difícil e inaudito. Recalibremos nuestra brújula interna por la senda de la autenticidad y de mostrar e intercambiar vulnerabilidades, heridas y apatías.

El camino opuesto: fingir o, incluso, “posturear”, no generará los cambios que, como sociedad y como personas, necesitamos más que nunca.


Un toque de normalidad para la apatía

No quiero hacer un elogio de la apatía, pero, en tiempos otoñales de Covid, quiero darle un tinte de normalidad a este estado que también invita a reflexionar y repensar lo que ya no sirve en nuestras vidas.

La apatía, si es transitoria, puede ayudarnos a bajar revoluciones y “afilar el hacha” para poder seguir talando árboles con eficacia.

Te animo, por tanto, a encontrar ese equilibrio entre la ocupación de tu mente (con actividades y distracciones más o menos útiles) y los momentos para sentirte aburrida, triste o apática.

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Tu aburrimiento, tu tristeza o tu apatía no siempre son lugares cómodos, pero son necesarios también para la reflexión, el cambio y la transformación personal y social.

Te animo a no escapar de tus emociones negativas… No corras el riesgo de insensibilizarte y ponerte un impermeable protector frente a las emociones tuyas y ajenas.

  • 🏹¿Quieres romper la brecha de la apatía entre la persona que aparentas ser y la persona que realmente eres?

Es momento, por tanto, de ponernos una “inyección recordatoria” que nos reconecte con la esperanza, la motivación y la alegría de vivir.  

En tiempos de “apretar dientes”, como los que atravesamos en la actualidad, puedes aprovechar para retomar las claves que te facilitaba en mi post: «Ayúdame a superar la apatía y recuperar ilusión».

Por otra parte, puede ser el momento idóneo también para reconocer y aceptar que estamos tan vivas que (casi todas) también nos sentimos apáticas, desorientadas, tristes y asustadas…

Las claves de acompañamiento con Susana

El primer objetivo de terapia con Susana era, por tanto, validar su sentir de apatía y animarla a cerrar esa brecha entre las dos Susanas compartiendo su vulnerabilidad con las personas de su entorno. Esto generaría un contexto de empatía y autenticidad.

El día que ella le confesó a su jefe que le costaba motivarse en su trabajo, le sorprendió la respuesta de sensibilidad y comprensión para que se tomase un día libre.

Al compartir con otras madres del cole de sus hijos que estaba desbordada y que ya no quería ser una superheroína perfecta, se encontró, al otro lado una resonancia liberadora. Otras mujeres y madres con un sentir parecido, agotadas de apretar dientes en la bruma de días tristes y apáticos. Ahora las relaciones de Susana tienen oportunidad de tornarse más reales y cálidas.


Abraza tu gloriosa vulnerabilidad

Porque somos las piezas blancas y negras del tablero, y porque mostrar la vulnerabilidad nos conecta con la verdad propia y del otro. Y Brené Brown te lo recuerda, una vez más, en su charla Ted:

 

“Dejemos que los demás nos vean, que nos vean profundamente, que seamos vulnerablemente vistos.” –Brené Brown

 

​Reconoce y valida tu apatía y tu vulnerabilidad actual

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Al hilo de la charla de Brown, no olvides que las personas que sienten que valen la pena, y que son dignas de amor y pertenencia, se expresan de forma distinta al resto de la gente.

Estas “espartanas” aceptan por completo la vulnerabilidad, porque saben que lo que las hace vulnerables, las hace hermosas.

No ven la vulnerabilidad como algo incómodo o doloso, sólo señalan que la vulnerabilidad (los días apáticos, grises o cargados de frustración e imperfección) son más que necesarios.

En el otro extremo del continuo, nos encontramos a personas que constantemente se repiten “no soy lo suficientemente buena, guapa, exitosa”.

Claves para abrazar tu vulnerabilidad en momentos de apatía

Una vez más, te invito a abrazar tu vulnerabilidad:

  • Poniendo en práctica el coraje para mostrarte imperfecta.

  • Mostrando la compasión que tienes hacia ti y hacia las demás personas.

  • Renunciando a quienes piensan “lo que debes ser” para ser “lo que realmente quieres ser”.

¡Sólo nos faltaría ser perfectas y siempre habrá alguien que nos critique, vaya!

 

Cuando te sientas vulnerable, en lugar de detenerte y ponerte catastrófica piensa: “Estoy muy agradecida, porque sentir que soy vulnerable significa que estoy muy viva”.

Siguiendo las palabras de Brown, comenzar a aceptarte y valorarte pasa por eliminar de tu mapa mental la sentencia “No soy lo suficientemente buena para…”.

Porque cuando funcionas desde la perspectiva de “soy suficiente”, entonces dejas de gritar y comienzas a escuchar. 😀 

Este paso de autocuidado y autenticidad te vuelve más generosa y considerada con la gente que te rodea y contigo misma.

Aún con un sentir de apatía sobrevolando sobre nuestros despertares…

Ser vulnerable es un poder para aquellas que aprender a verlo como tal y toman lo mejor del mismo.

Por cierto, si quieres profundizar en este tema, te recomiendo que te regales este tesorazo de libro “El poder de ser vulnerable” de Brené Brown. Vale la pena, y mucho.

​De momento, hoy quiero cerrar este post invitándote a reflexionar sobre este tema con esta preguntita final:

  • ¿Te resulta fácil mostrar tu vulnerabilidad o tus momentitos de apatía o tristeza en tus relaciones?

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Seguiremos hablando de la autenticidad como antídoto para cerrar la brecha de la apatía, para superar nuestras inseguridades y para conectarnos más y mejor en nuestras relaciones con los demás.

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Si crees que tu estado de apatía no es transitorio, y que llevas demasiado tiempo desconectada de la motivación y la ilusión, déjame ayudarte.

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Es muy fácil… 

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¡Un abrazo y hasta pronto!

Cris. Decideteycambia.

detalle-ola_cristina centeno*Imagen principal de Anemone123 en Pixabay     

Soy Cristina Centeno, psicóloga y expatriada feliz. Te muestro claves de psicología y coaching que te ayudarán a soltar lastres, a zambullirte con humor y confianza en la incertidumbre, a liberarte de tus miedos y tu apatía, a tener más claridad, firmeza y autenticidad a la hora de decidir y cambiar y, sobre todo, a liderar la vida que realmente quieres y mereces.

 

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