Cuando toca afilar el hacha… 2 salvavidas para recuperar la motivación y lograr tus objetivos de cambio

Ya hemos compartido anteriormente una de mis mayores preocupaciones y pedruscos a sortear a la hora de gestionar decisiones y cambios con eficacia: la desmotivación.

Una tendencia que observamos con abrumadora frecuencia en nuestra sociedad moderna (nuestras empresas, universidades, consultas, etc.) es la falta de motivación personal, también llamada apatía, cuya incidencia se extiende a diferentes etapas vitales y a los ámbitos más diversos.

Titulares tan apocalípticos como “España encabeza el ranking de los trabajadores más desmotivados…” o tal vez como “Una generación de jóvenes cada vez más desmotivada…” nos dan una pista muy clara de la epidemia tan clara que atravesamos: el caldo de cultivo de personas cada día más insatisfechas, más bloqueadas, más indecisas, más improductivas, más pasivas, más desorientadas e infelices.

La buena noticia que hoy te traigo es que la estrategia de fijación y aterrizaje de nuestros objetivos, con acciones concretas a lo largo del tiempo, puede ser la piedra angular para reconectarnos con la motivación perdida.

Déjame compartir contigo dos claves fundamentales para convertir tus objetivos y acciones en el faro que ilumine tu navegación y lograr así la motivación que necesitas para llevar el timón de tu vida, surfeando decisiones y cambios con soltura y eficacia.


Motivación, qué bonito nombre tienes!

Hemos visto juntos algunas claves para manejarnos con este precioso constructo, pero avancemos un poco más con algo de “turra teórica”.

Julián Pérez Porto y María Merino sostienen que la palabra motivación es resultado de la combinación de los vocablos latinos motus (traducido como “movido”) y motio (que significa “movimiento”). Si nos ajustamos al sentido que se le atribuye al concepto desde el campo de la psicología y la filosofía, la motivación se basa en aquellas cosas que impulsan a un individuo a llevar a cabo ciertas acciones y a mantener firme su conducta hasta lograr cumplir todos los objetivos planteados.

La motivación, por lo tanto, es la fuerza que te empuja a actuar. Es el motor de tus acciones, que te permite superar obstáculos y continuar luchando y “apretando dientes” a pesar de las dificultades y frustraciones.

La noción de motivación, además, está asociada a la voluntad y al interés. En otras palabras, podemos definir a la motivación como la voluntad que te estimula a hacer un esfuerzo con el propósito de alcanzar ciertas metas.

La motivación implica, en cualquier caso, la existencia de alguna necesidad, ya sea absoluta, relativa, de placer o de lujo. Cuando estás motivado, consideras que aquello que te entusiasma es imprescindible o conveniente. Por lo tanto, tu motivación es el lazo que permite una acción para satisfacer una necesidad.

Al hablar de necesidades, es casi inevitable acordarnos de una teoría clásica, la de la jerarquía de necesidades de Maslow, que muestra la existencia de una estructura piramidal de aquellas necesidades (fisiológicas -> de seguridad -> de amor y pertenencia -> de reconocimiento ->de autorrealización) que son las que más contribuyen, a motivarnos.

De hecho, cualquiera de estas necesidades requiere que su escalón inferior esté cubierto para así poder activarse. Eso supone que a ti te motivarán las necesidades sociales si antes tienes ya cubiertas las de seguridad y las fisiológicas (algo simple de entender, pero que se trastoca según nos vamos alejando de la zona de los privilegiados que tenemos agua corriente para hidratarnos y sentirnos bien limpitos, un buen puchero de garbanzos para alicatarnos, estupendas bombillas LED que apartan la oscuridad de nuestros hogares, calefacciones eficaces que nos permiten estar en tirantes en casa en pleno diciembre y ropa chic que renovamos en cada temporada de “El Corte Inglés”).

«Lo que un hombre puede ser, debe serlo«, explicó Maslow, refiriéndose a la necesidad y responsabilidad que tenemos las pesronas de desarrollar todo nuestro potencial como seres humanos.

Sin perder de vista todo lo anterior, podemos añadir que existen diversos motivos que impulsan nuestra motivación. Estos pueden ser: racionales, emocionales, egocéntricos, altruistas, de atracción o de rechazo, etc.

No hay luz sin oscuridad, así que no podemos concebir la motivación sin su contrario. Porto y Merino definen la desmotivación como un sentimiento de desesperanza ante los obstáculos; un estado de angustia y pérdida de entusiasmo, disposición o energía.

La desmotivación es un estado que se caracteriza por la presencia de pensamientos pesimistas y una intensa sensación de desánimo, de disminución de la energía y de incapacidad para experimentar entusiasmo. Este estado, interior y complejo, se origina en las personas como consecuencia lógica y normal de la generalización de experiencias negativas y la autopercepción de la incapacidad para alcanzar nuestros objetivos o anhelos, por distintas causas. Cuando aparece de forma recurrente y prolongada en nuestra vida, la falta de motivación puede generar daños importantes, llegando a poner en riesgo nuestra salud.

Si dentro de nosotros aparece el pesimismo, la negatividad y el desánimo, hará acto de presencia la desmotivación y es muy probable que los demás nos perciban como personas desganadas, desilusionadas y desconfiadas. De todas formas, que no cunda el pánico porque podemos prevenir sus efectos! Déjame mostrarte dos claves salvavidas para lograrlo:

  • La fijación coherente de objetivos
  • El diseño de un buen plan de acción

Arriba con la motivación

*Imagen de Free-Photos en Pixabay


Tómate un tiempo para afilar el hacha: Descansa y reflexiona sobre tus objetivos y proyectos actuales.

Ya sabemos que “la prisa mata, amigo”, así que, en una época en la que todos vamos corriendo a todas partes, hacer un parón para recuperar la energía te vendrá de lujo. No te preocupes si las personas de tu alrededor te recuerdan que no tienes la misma energía y vitalidad que solías tener. Puedes ir en cuarta, gastando menos gasolina y llegando igualmente a tu objetivo.

Al igual que, después de sufrir una lesión muscular necesitas rehabilitación, tras haber vivido un bajón emocional necesitas tu periodo de adaptación para volver a funcionar como antes.

Recuerda que ahora estás en una etapa en la que estás recuperándote de un desgaste psicológico, por lo que necesitarás algún tiempo para reponerte. Considéralo un tiempo de barbecho, para recargar las pilas y volver a dar lo mejor de ti mismo.

No te fuerces a estar ilusionado/a o radiante de energía cada momento del día para intentar demostrar que todo está bien en tu vida y que sigues llevando el timón. Suelta el lastre de las expectativas poco realistas y de la búsqueda de la aprobación, y aprovecha este momento para pararte a pensar por dónde vas y qué es lo que quieres.

Normalmente, este tipo de situaciones de desmotivación hace que cambien tus prioridades, así que coge papel y boli (o siéntate al ordenador, si lo prefieres) y empieza a apuntar todo lo que se te venga a la cabeza ante la pregunta “¿y yo, qué quiero realmente?”

Ahora ya sabemos que el elemento central de la motivación es, por tanto, tener un objetivo. No hay motivación sin objetivo. En cualquier caso, no nos servirá cualquier tipo de objetivo: éste debe ser lo suficientemente atractivo para nosotros.

Aunque pueda parecer una verdad de Perogrullo, es fundamental que tengas clara tu meta final. Sin METAS, no hay motor, y sin motor, ¡no hay logros! Si no sabes a dónde vas, irás por la vida como un pollo sin cabeza y quedarte dando vueltas en el mismo sitio. Pero si no quieres quedarte estancado, tendrás que superar el ruido exterior y avanzar en alguna dirección. Así que lo primero de todo, conéctate con la ilusión, define a dónde quieres y enfócate en algunas metas principales.

CINCO metas es un buen número. Reducir tus prioridades te permite planear y manejar, de la mejor manera, decisiones y cambios.

Entonces, ¿cómo puedes convertir tu objetivo en algo irresistible y lograr así la motivación? Fácil: Recupera el faro que te da dirección y motivación -> Calibra tu brújula o tu GPS interno, conéctate con tus ilusiones y formula tus objetivos en términos positivos (metas medibles, acotadas, retadoras, temporales y específicas), especificando las fases y clarificando por qué es importante para ti y qué ventajas te aportará a medio y largo plazo –> Reevalúa tu plan y ajústalo por el camino para que éste siempre sea coherente con tus capacidades y sueños. Enfócate en afrontar una decisión y un cambio sobre UN solo aspecto de tu vida a la vez: sólo UNO.

Clarifica y mantén a la vista, por tanto, tus valores, tus razones, «tu por qué o «tu para qué» y conéctate con la ILUSIÓN. Valentí Sanjuan (periodista, deportista y creador de contenidos online) te diría…

 Y que, cuando el cielo se abra y te engulla, te pille haciendo lo que te pone los pezones de punta (Valentí Sanjuan).

Éste es tu motor, lo que te motivará durante el camino y lo que te permitirá defender y mantenerte firme en tu elección y en tu cambio. Tener claro el “para qué”, hace que el “cómo” decidir y “cómo” cambiar sea mucho más fácil. Prioriza y haz que lo importante (en la parcela salud, familia, pareja, ocio, amigos, economía, trabajo o estudios) sea realmente lo que cuenta en tu vida, dejando las “pequeñeces” y los pensamientos o actitudes tóxicas de lado. Cuando te enfocas en una meta, y no en muchas, es más probable que logres tu objetivo principal.

Reconoce, por tanto, la situación problema o la dificultad inicial y aclara qué deseas conseguir exactamente con esta situación. Para ello responde a la siguiente pregunta:

¿Dónde quiero estar dentro de 10 minutos, dentro de 10 meses y dentro de 10 años? Cierra los ojos e imagina ese hipotético escenario futuro con todo lujo de detalles:

  • ¿Dónde vives? ¿Cómo es tu entorno y qué ves cuándo subes la persiana de tu habitación cada mañana?
  • ¿A qué te dedicas? ¿Cuáles son tus funciones, actividades y responsabilidades cotidianas?
  • ¿Con quién vives? ¿Cómo es la convivencia con tus «compañeros de viaje?
  • ¿Cuáles son tus aficiones? ¿Cómo rellenas tu «vasija de actividades nutritivas»?
  • ¿Cuánto dinero ganas y qué te encuentras en tus bolsillos a final de mes? 
  • ¿Cuál es tu estado de salud (bio-psico-social)?
  • ¿Cómo te ven desde fuera y qué dicen los demás de ti? ¿Qué dirían de ti tus seres queridos en tu funeral? ¿Qué huella habrías dejado en ellos?

Escribe todo lo que tú quieres realmente; no lo que los demás quieren o creen que es mejor para ti.

Una vez que tengas definido este futuro escenario deseado, grábate esa imagen a fuego en tu cabeza. Y cada vez que tengas que tomar una decisión o afrontar un cambio, pregúntate “¿esta decisión y el cambio que la sigue me acercan a mi objetivo o me alejan de él?” Poner estas conclusiones por escrito te ayudará a ganar en claridad, precisión y convicción en tus acciones futuras, incluso.

Pregúntate con honestidad si tus proyectos actuales y tus acciones están en concordancia con lo que realmente quieres. ¿Lo que haces es coherente con lo que quieres para ti a medio y largo plazo? Recuerda que tus acciones y objetivos solo son útiles si te llevan a donde tú quieres ir. Por todo esto es importante que te tomes un tiempo para comprobar en qué punto del camino estás y para decidir hacia dónde quieres ir.

 faro e ilusión

*Imagen de Willgard Krause en Pixabay


Diseña un plan de acción coherente, con pasos pequeños y claros que estén conectados con tus futuros proyectos

Lo sé, lo sé… Cuando perdemos la ilusión, lo último que queremos es proyectarnos y pensar en el futuro. Seguro que algunos de tus proyectos vitales se han visto modificados o truncados al atravesar por una mala etapa. Dependiendo de la situación negativa que estés atravesando, algunos planes serán modificados y otros, pospuestos o puestos en barbecho hasta que todo vuelva a la normalidad.

Un punto crucial para recuperar la ilusión es retomar, por tanto, los planes y gustos que antes te emocionaban y volver a plantearlos como metas.

Sin perder de vista la importancia de vivir en el instante presente y tener la cabeza donde tenemos el cuerpo, los planes a medio y largo plazo suelen ser un motor poderoso para levantarnos, ponernos “el mono de trabajo” y sembrar, cual jardineros, los frutos que queremos recolectar mañana. Por tanto, volver a poner, en tu “jardín”, actividades que antes te habían emocionado, es un paso innegociable para que recuperes la ilusión.

Una vez finalizada la mala racha, como podría ser atravesar una dura enfermedad, sería importante marcarte nuevas metas por las que tengas que luchar desde que te levantas hasta que te acuestas. Parafraseando a la cantante Bebe…

Hay que volver a construir todo lo que se derrumbó (Bebe, canción «Ay, Haití»).

Puede que algunos proyectos sean los mismos que habías abordado anteriormente, pero ahora pueden parecer más inaccesibles, como por ejemplo, retomar un curso académico que habías parado o abandonado. Otro tipo de proyectos pueden verse drásticamente modificados por completo, como vivir solo/a después de una ruptura de pareja.

Lo importante es que visualices tu objetivo (medible – accesible – retador – temporal – específico), que seas realista y que no lo compares con tus proyectos anteriores. Marcarte submetas te ayudará a no abandonar en la persecución de tus objetivos.

Y recuerda… “una sola cosa a la vez”. Muchas veces cuando nos proponemos algo importante, nos agobiamos al ver todo lo que no queda por hacer, sin saber, ni siquiera, por dónde empezar. Lo mejor es que dejes la multitarea a un lado y que te centres sólo en un paso, el que tienes que dar a continuación.

Aunque siempre tengas en mente el puerto final, centrarte en el siguiente paso a dar hará que te resulte más fácil empezar e ir avanzando, con la sensación de ir controlando el proceso. Ya lo sabemos, al andar se hace camino, así que, paso a paso.

Visualiza el resultado final, guarda en tu “cajita de alquimista” fotos inspiradoras o recortes de cosas que te motiven y que te recuerden cuál es tu objetivo.

Una vez que tengas claro por qué tus proyectos son importantes para ti, el cómo no será un problema, sino un mero iceberg a sortear. Además, el hecho de saber lo que quieres y qué pasos tienes que dar para conseguirlo es algo que te hará sentir motivado casi sin quererlo.

En definitiva, céntrate sólo en el siguiente paso a dar y recuérdate por qué quieres lograr tus proyectos, de cara al futuro.

Seguir esta secuencia te ayudará a aumentar la ilusión y esperanza en el momento presente, animándote a no rendirte y viendo cómo, poco a poco, te acercas a tu meta personal.

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*Imagen de congerdesign en Pixabay 


Para que no lo olvides…

Ya sabemos lo importante que es, en cualquier proceso de toma de decisiones y gestión de cambios, la ILUSIÓN en todas sus formas: el entusiasmo, la motivación, la pasión o la capacidad de elegir tu mejor actitud, al margen de las circunstancias y de las olas del mar. La pasión es la energía de la acción, el combustible de tus músculos, el fuego sagrado de tus conductas. Este deseo es nuestro punto de partida. Sin esa motivación de partida, seguirás siendo el espectador impávido de tu existencia.

Eso sí…Una inyección de realismo siempre sienta bien, así que te recuerdo que la vida no siempre es una montaña rusa de emociones positivas, ni podemos vivir constantemente como los protagonistas de un vídeo musical. Habrá períodos intensos de surf, como cuando nos enamoramos o cuando arrancamos un nueva proyecto vital o laboral, y otras rachas de velocidad de crucero. Lo importante es que no pierdas la motivación ni el foco, incluso en aquellas épocas de estabilidad o de menú diario de “judías verdes”, que analices qué te está pasando, que busques los agujeros negros por los que se te cuela la energía y que busques nuevas metas ilusionantes.

No podemos esperar estar siempre al mismo nivel de energía o motivación día tras día, y es normal pasar por periodos en los que nos cuesta más motivarnos. No obstante, si esta falta de motivación se prolonga demasiado, es hora de que comiences a tomar medidas, buscando causas y, sobre todo, posibles soluciones. Será crucial aprender qué hacer con esa falta de ilusión, cómo motivarte y tener el ánimo necesario para alcanzar el éxito en tu vida.

Recuerda que…

  • El deseo o motivación es sólo el primer paso.
  • El segundo, es tomar la decisión para actuar y estar dispuesto a pagar un precio por ello.

Si no estás decidido a hacer el esfuerzo, examina la razón. ¿Qué piensas o sientes al respecto? El compromiso y la fe son ingredientes cruciales en este guiso de liderazgo personal. Estar dispuesto a continuar y perseverar, a pesar de las dificultades, y estar convencido de que sí puedes alcanzar las metas que te has propuesto. Tú tienes ambas cosas, aunque quizás necesitas un entrenamiento extra para fortalecerlas o redescubrirlas.

Será fundamental que, a modo de brújula, manejemos nuestro motor de partida con intensidad, perseverancia y continuidad en el tiempo, con la mente y el corazón. Por lo tanto, tu objetivo o “premio final de la tómbola” debe ser importante para ti; no para otras personas. Las cosas que uno realmente quiere, se buscan y se luchan de verdad. Sólo así, vas a estar dispuesto a hacer el esfuerzo necesario, mantenerte “enchufado” a la ilusión y perseverar en el tiempo, a pesar de las olas y la mar picada.

Por otra, será esencial que diseñes un plan de acción coherente, desglosado en pasos pequeños y claros que estén conectados con tus futuros proyectos. Como malabarista en la cuerda en búsqueda del constante equilibrio, sólo por hoy, céntrate en el siguiente paso que tienes que dar y no pierdas de vista por qué quieres lograr tus proyectos, de cara al futuro.

Equilibrio y logro de objetivos

*Imagen de Pexels en Pixabay 

Y tú, ¿qué otras claves añadirías para reconectarte con la motivación y llevar el timón con confianza y alegría?

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Te invito también a que te unas a mi embarcación para no perderte muchas más claves aplicadas que pueden ayudarte a gestionar decisiones y cambios especialmente difíciles.

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Libro Cris

Gracias por estar ahí y leerme.

Un abrazo,

Cris.

* Foto principal: Imagen de David Mark en Pixabay 

Soy Cristina Centeno y te muestro claves de psicología y coaching que te ayudarán a soltar lastres, a zambullirte con humor y confianza en la incertidumbre, a liberarte de tus miedos, a tener más claridad, firmeza y autenticidad a la hora de decidir y cambiar y, sobre todo, a liderar la vida que realmente quieres y mereces.

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