Conoce el pulpo del miedo a enfermar o hipocondría

“Abramos el melón” de hoy directamente con unas frases que pueden resonarte en tu temor a enfermar… ➡ 

Me da miedo enfermar y no sé si tengo hipocondría

Fíjate en lo que compartía, en una de nuestras últimas sesiones, “Sandra”, mi “terapiada diamante”.

Siempre he tendido a preocuparme y angustiarme excesivamente por el estado de salud mío y de mis familiares; y, con la pandemia, todos mis miedos a enfermar se hicieron más agudos.

Mi único objetivo durante la pandemia era que todos pudiéramos estar vacunados cuanto antes, pero tardé un tiempo en poder relajarme, al verdad.

La preocupación y el miedo a la enfermedad están presentes casi constantemente en mi cabeza. Pienso que, a veces, me rayo sin motivo, porque me alarmo ante la más mínima molestia o dolor.

Por ejemplo…

  • Ante un dolor raro en el abdomen, rápidamente pienso: ¡puede ser cáncer de colon!
  • Si siento un dolor en el pecho, me salta la alerta de posible ataque de corazón.
  • Y ante un dolor de cabeza, creo que no podría ser otra cosa que un tumor cerebral.

Lo que siempre me ha aterrado es la posibilidad de sufrir cáncer, por ejemplo.

Normalmente, intento tranquilizarme comprobando el funcionamiento de mi cuerpo. En épocas malas, puedo revisarme en el espejo una parte de mi cuerpo con la otra. Y lo hago varias veces al día.

También leo mucho, en Internet, sobre la enfermedad que me preocupa en ese momento (ya sea Covid o cáncer), lo hablo recurrentemente con otras personas hasta que me da por aislarme del mundo y evito saber nada de nadie.

Mi pareja dice que me preocupo en exceso, pero él no me entiende y no sabe hasta qué punto estoy sufriendo, porque él es un “pasota”.

Y, sobre todo, cuando la ansiedad me desborda, acudo al médico, aunque siempre voy muerta de miedo.

En cuanto me noto cualquier cosa rara, voy corriendo a Urgencias para repetir una revisión médica. Lo que busco es la confirmación de mi buena salud, y si es con varios especialistas, mejor.

Si me piden pruebas médicas, por un lado, pienso: “¡Genial! Así dejarás de preocuparme” … Sin embargo, la realización de las pruebas y la espera de resultados me generan aún más preocupaciones.

Tarde o temprano siempre vuelve la preocupación a enfermar…

Cuando me dicen que está todo bien y que estoy sana, me tranquilizo un tiempo, pero tarde o temprano vuelve la preocupación.

Me asaltan preocupaciones como: ¿Y si realmente tengo algo malo y en las pruebas no sale? o del tipo: ¿y si no me ha hecho la prueba correcta para descartar la enfermedad? 

Incluso escruto la cara que suelen poner los médicos, las palabras que usan al hablarme… y me pongo de los nervios, claro.

Poco a poco esta preocupación por las enfermedades se está adueñando de mi vida.

Tengo días mejores y días peores, pero en general, siempre está ahí presente y cada vez me hace sentir más triste.

Ya no disfruto de las cosas como antes, porque la preocupación me acompaña allí donde voy.

La ansiedad que me genera esta preocupación me afecta en todos los ámbitos de mi vida y me hace muy infeliz.

Estoy tan convencida de que tengo un problema o de que tendré, a corto plazo, una dolencia grave de salud, que no logro relajarme ni disfrutar nunca.

Está claro que tengo un miedo intenso a las enfermedades y siempre estoy alerta, ¿sufro de hipocondría, tal vez? 💡 

“Sandra”, 34 años, periodista, Argentina.

¿Te reconoces en el mensaje de “Sandra”?

Efectivamente, hay personas, como Sandra, que manifiestan un intenso miedo a las enfermedades. Y ella “no da puntada sin hilo” en su forma de desgranar sus temores y preocupaciones.

miedo enfermar


Mi madre y “Sandra” tienen un miedo en común

A modo de autorrevelación, te cuento que a mí las palabras de “Sandra” me resonaron muchísimo porque mi madre, aún a día de hoy, sigue haciendo un trabajo intenso por reconciliarse con su miedo a la enfermedad.

De hecho, durante mi infancia y adolescencia no terminaba de entender esas recurrentes visitas familiares de los domingos a Urgencias médicas, ese preocupacionismo y ese estado de alerta continúa con el que mi madre, de manera inconsciente e involuntaria, nos arrastraba a todos.

Podría llegar a decir que, durante mucho tiempo, la preocupación por la enfermedad se convirtió en característica central en la vida de mi madre y esto la llevó a padecer un estado de angustia e inquietud realmente agotador.

Mi madre, ante cualquier sensación física anormal, también iniciaba una romería por diferentes médicos, especialistas, naturópatas, etc., y se preocupaba por múltiples problemas de salud que simplemente no tenía… como un supuesto cáncer de piel en la espalda que terminó siendo una manchita por déficit de higiene en esa zona concreta.

Y, por si fuera poco, esta situación además del gran malestar personal asociado interfería claramente en la vida familiar, laboral y social de mi madre y sus compañeros de viaje.

Por aquel entonces yo pensaba que mi madre quería llamar la atención y que exageraba sus síntomas.

Con mi mapa personal y profesional actual ya no opino lo mismo, y me consta que personas con ese miedo intenso a enfermar, como mi mami, pasan por una verdadera pesadilla cuando perciben una sensación que no es habitual en sus cuerpos.

Si tú también estás muy preocupada por esas sensaciones o cambios que notas en tu cuerpo y te generan un malestar diario, este artículo es para ti.


Entre miedos se desliza nuestra salud mental: hablemos de hipocondría y nosofobia

En primer lugar, debemos diferenciar un miedo intenso a enfermar de los cuadros de hipocondría y de nosofobia.

La diferencia, por ejemplo, entre el miedo a enfermar y la hipocondría radica en la gravedad e importancia de los síntomas.

Cuando los síntomas interfieren y limitan verdaderamente nuestra vida, hablamos de un trastorno de ansiedad que nos genera un marcado malestar, en este caso, la hipocondría.

Cautelas y preocupaciones normales vs fobias

A todas y todos nos preocupa la salud y es normal considerar que podemos tener un problema que necesita la valoración de un médico especialista… Se trata de una reacción de protección que garantiza propia sobrevivencia.

En este escenario, nos encontramos personas que tienen una despreocupación total, como la pareja de “Sandra” y, otras personas que viven con una alta preocupación por su salud, como mi “terapiada paciente” y mi madre. Estas últimas son mucho más sensibles a los síntomas corporales y reaccionan, a veces, de forma irracional.

Lo que suele ocurrir, de hecho, es que las personas hipocondríacas, cuanto más se preocupan por su estado de salud, más se enferman.


Destapemos el pulpo de la hipocondría

El síntoma principal del cuadro de hipocondría es una preocupación acusada (incluso, convicción personal) por padecer o contraer una enfermedad grave.

La hipocondría no es una enfermedad mental y se anuló como tal en el DSM-V. Se trata, por tanto, de una reacción irracional a ciertos síntomas relacionados con las enfermedades.

Unas estadísticas sobre la incidencia de la hipocondría

¿Sabías que entre un 5-7% de las personas que acuden al médico de cabecera son hipocondrÍacos, y que el grupo de edad más vulnerable es el de los jóvenes entre 20 y 30 años?

La hipocondría afecta aproximadamente al 5 – 7 % de la población, y se da por igual en hombres y mujeres.

Famosos hipocondríacos de la historia

Gabriel García- Márquez, Pío Baroja o Juan Ramón Jiménez sufrían hipocondría, por ejemplo.

Woody Allen nunca ha ocultado que es un hipocondríaco. Pero no uno cualquiera: uno de manual. Maniático y obsesivo confeso, dicen que Woody duerme sin descalzarse por miedo a la muerte o a tener algún accidente. Se toma la temperatura corporal cada dos horas y procura viajar siempre en avión privado por miedo a los gérmenes.

Y Woody no es el único estrangulado por el pulpo de la hipocondría…

El cantante madrileño Leiva compartía hace un tiempo:

Soy un profesional de la hipocondría. Acudo a Urgencias con cierta frecuencia. Ya me conocen y me cuidan un montón. Nunca uso mi popularidad para nada, salvo ahí.

En mi consulta, hay “terapiadas diamante” que, durante los inicios de la pandemia, se han llegado a tomar la temperatura 25 veces al día.

La hipocondría puede iniciarse a cualquier edad, pero más frecuentemente después de la adolescencia.


Cómo se manifiesta y se puede diagnosticar la hipocondría

Este trastorno de ansiedad no es algo nuevo. La propia etimología de la palabra hipocondrio apunta literalmente a “bajo la región del abdomen”, porque suele ser característico ver a personas preocupadas tocándose la zona abdominal cuando creen que están enfermas.

Más allá del “miedo a enfermar”, en general, la hipocondría apunta generalmente al temor a padecer una enfermedad (por ejemplo, cáncer), aunque ésta puede variar con el tiempo.

miedo enfermar

Otra característica de este trastorno es que no existen síntomas somáticos o, si están presentes, son únicamente leves.

De igual forma, las persona con hipocondría suelen desplegar comportamientos excesivos relacionados con su salud, y “chequean” constantemente su cuerpo en busca de “nuevas sensaciones” (confirmaciones de salud vs enfermedad).

En el extremo opuesto, otras personas con este cuadro actúan contrariamente y evitan acudir al médico por miedo a tener una enfermedad.

En cualquier caso, la hipocondría, la sensación de estar preocupada para tener alguna(s) enfermedad(es) persiste en el tiempo y debe prolongarse como mínimo durante 6 meses para poder diagnosticarse.

¿Cómo se diagnostica la hipocondría normalmente?

El diagnóstico de la hipocondría suele realizarlo un médico, que primero contempla la posible existencia de otra enfermedad subyacente o unos síntomas habituales que puede tener su paciente como p. ej. dolor abdominal, dolor de cabeza, etc. no relacionados en absoluto con la hipocondría.

Al descartar la existencia de una enfermedad concreta, el médico valora la preocupación ansiosa e irracional de su paciente por padecer alguna enfermedad que no tiene otra explicación concreta.

Hagamos, en este punto, un mini-inciso para abordar el cuadro de nosofobia, el miedo a contraer una enfermedad concreta: como la Covid o algún tipo de cáncer.


La nosofobia: un miedo específico que aumentó con la pandemia Covid

Con la expansión del brote de Coronavirus, el miedo a enfermar aumentó socialmente. Muchas personas, a las que antes no les preocupaba significativamente este tema, empezaron a padecer y desplegar síntomas de nosofobia.

Aunque, en principio, este miedo podría ayudarnos a poner los límites necesarios de seguridad, suele terminar excediéndose y condicionándonos a todos los niveles; incluso en aquellos momentos donde no existe ningún tipo de riesgo.

La nosofobia consiste en un miedo recurrente y persistente a contraer una enfermedad CONCRETA.

  • En el caso de la hipocondría solemos observar un miedo generalizado.

  • En la nosofobia, la persona suele orientar su miedo hacia una enfermedad o dolencia específica.

La nosofobia puede surgir por haber tenido vinculadas ciertas enfermedades en nuestra vida o por algo que está sucediendo a nuestro alrededor. De hecho, el brote de Covid-19 hizo que aumentase este tipo de fobia, claramente orientada hacia esa enfermedad concreta.

No sólo se trataría de un miedo orientado a contraer y sufrir la enfermedad, sino también a morir, por lo que se relaciona con patologías donde la vida sí puede peligrar y existen casos reales de ello.

Aunque no formemos parte, a priori, de un grupo de riesgo concreto, por ejemplo, la persona se engancharía a cualquier tipo de probabilidad de que “nadie está totalmente a salvo” para hacer crecer su miedo. 😕 

Debemos contemplar que una enfermedad concreta puede asustarnos si la hemos visto en un familiar o sufrida a nivel social. Y durante un tiempo podría ser razonable permanecer en un estado de alerta y colocar más barreras de seguridad para no contagiarnos de Covid, por ejemplo.

No obstante, el miedo a enfermar de las personas que sufren hipocondría o nosofobia conllevaría síntomas añadidos. Veamos los principales a continuación.


Síntomas de la hipocondría y la nosofobia

El miedo a enfermar tiene una serie de señales específicas que hacen que el simple temor se convierta ya en una fobia.

Síntomas a nivel físico

Como cualquier tipo de ansiedad o fobia, ambos cuadros tienen una serie de síntomas característicos relacionados con la activación fisiológica.

Aunque no siempre sean constantes y aparezcan puntualmente a lo largo del día, la persona con hipocondría o nosofobia puede experimentar, de manera intensa, taquicardia, sudoración, dolores de cabeza y estómago o alteración del apetito y del sueño.

Las personas con hipocondría experimentan las sensaciones físicas, que puede tener todo el mundo, de forma irracional y obsesiva.

Síntomas cognitivos y emocionales

Siempre estoy alerta. Siento que no puedo controlar mi MIEDO a enfermar y pienso continuamente que algo malo me va a ocurrir. 

Como describe “Sandra”, ambos cuadros, plagados de pensamientos obsesivos de carácter intrusivo, producen una ansiedad muy elevada que podría llegar a ser incapacitante.

La emoción predominante en este tipo de cuadro es la del MIEDO, con todo un sistema de pensamientos alrededor.

La “pecera mental” de una persona con hipocondría o nosofobia suele estar llena de pensamientos circulares y obsesivos, que aparecen de forma recurrente y son muy difíciles de erradicar.

De hecho, cuando la persona con nosofobia o hipocondría trata de evitar estos “peces cagones”, parece que aumentan. Lo cierto es que estas ideas obsesivas no tienen siempre un fundamento real.

En concreto, presta especial atención a las siguientes señales:

  • Presentamos pensamientos, sentimientos y creencias negativas sobre nuestro estado de salud.

  • Rumiaciones y miedos (que no se corresponden con un peligro real), sobre síntomas, salud y enfermedades y sus posibles consecuencias.

  • Autoobservación excesiva del cuerpo y tendencia a ver los posibles cambios como señal de enfermedad.

  • Interpretación personal de síntomas de alguna enfermedad.

  • La causa de la enfermedad está mediada por un pensamiento, aunque no tengamos nada.

  • Malestar y ansiedad por la preocupación por la enfermedad que interfiere en nuestra vida.

  • Cambios constantes en el estado de ánimo.

  • Creer tener los síntomas de una enfermedad cuando la oímos, la vemos o nos llega la información.

  • La presencia de un solo síntoma autopercibido, puede desencadenar todo un cuadro clínico en nuestra propia interpretación.

  • La explicación y diagnóstico del médico no tranquiliza y nuestra preocupación persiste.

  • Interpretar un síntoma como si fuéramos un doctor especialista.

  • Nos molestamos si los médicos nos contradicen en sus diagnósticos sobre nuestra salud.

  • Sensación ser rechazados e incomprendidos por los demás.

Síntomas conductuales

Como ocurre con la mayoría de fobias, cuando sentimos miedo, lejos de afrontarlo directamente, tendemos recurrir a estrategias de huida y evitación para intentar taponarlo o hacerlo desaparecer.

En cualquier caso, cualquier estrategia de evitación, solo hace que nuestro miedo aumente y vaya generalizándose, generándonos otro tipo de pérdidas y renuncias vitales.

Lo que antes podía ser temor a la enfermedad por contacto físico, por ejemplo, acaba haciendo que no toquemos a nadie. Después, este miedo podría aumentar y podríamos dejar de acercarnos a otras personas, hasta ir limitando cada vez más áreas, mientras el miedo solo nos va ganando terreno.

Presta especial atención a las siguientes señales:

  • Hablamos continuamente con amigos o familiares sobre los síntomas o enfermedades sospechosas.

  • Hacemos investigaciones sobre la salud de forma obsesiva, en diferentes fuentes (libros, manuales, enciclopedias, internet…).

  • Autoobservaciones del cuerpo constantes y comprobaciones varias.

  • Comprobamos frecuentemente los signos vitales, como el pulso o la presión arterial.

  • Tendemos a hacernos análisis constantemente.

  • Tenemos siempre medicamentos para uso personal o por si se requiere en alguna supuesta emergencia.

  • Nos informamos o documentamos constantemente de las enfermedades y visitamos regularmente a los doctores para decirles el diagnóstico que tenemos.

  • Acudimos a médicos repetidamente o tener exámenes médicos constantes.

  • Por el contrario, evitamos acudir a un profesional por el miedo a que nos descubra realmente alguna enfermedad.

Los síntomas no son puntuales, sino que se mantienen en el tiempo

Todos, a lo largo de nuestra vida, atravesamos diferentes momentos de pérdida, de duelo, de conflicto o de enfermedad real… Estas circunstancias entendemos que son puntuales y las emociones de tristeza, rabia o miedo que las acompañan también suelen estar acotadas en el tiempo.

No obstante, si alcanzamos el estado de nosofobia o hipocondría (con síntomas manifiestos durante más de 6 meses), lo normal es que generemos un conjunto de esquemas mentales que nos hagan, de aquí en adelante, ser susceptibles a esos miedos.

Con todo ello, observamos que la persona que sufre un trastorno de ansiedad por enfermedad suele centrar su vida en los aspectos negativos, especialmente en los que a salud se refieren. De este modo, la persona está creando una serie de emociones negativas que le acaban generando en mayor o menor medida algunos síntomas físicos.

En este sentido, nuestro miedo a enfermar ya condiciona todo nuestro ritmo diario y altera notablemente nuestra vida.

Tal y como le ocurre a “Sandra” este tipo de fobias deja determinadas pautas y determinados miedos condicionados en nuestro cerebro.

Si ahora tenemos miedo a enfermar por Coronavirus, en el futuro asociaremos el contacto con otras personas, por ejemplo, a contraer otra patología.

Mantendremos, por tanto, el miedo de base, pero podremos ir cambiando de enfermedad a largo plazo.

Esto implica que los miedos no desaparecerían con la inmunidad por vacunación Covid, por ejemplo, sino que necesitaremos una muleta extra que nos permita desechar esos esquemas disfuncionales de base.


Factores que predisponen a sufrir hipocondría o nosofobia

Debemos tener en cuenta que existen ciertos factores que predisponen a una persona a sufrir hipocondría o nosofobia. Entre ellos se encuentran:

  • Relacionar la situación actual con experiencias previas tales como el conocimiento de errores médicos, la presencia de familiares enfermos o factores de aprendizaje como hablar sobre ciertas enfermedades y las reacciones ante ellas.

  • Mantener creencias erróneas (peces cagones) sobre los síntomas, la salud y la enfermedad.

  • Realizar “zoom” con las gafas de mosca puestas, haciendo una atención selectiva a los aspectos negativos y dejando de lado los aspectos más saludables de nosotras mismas, para así autoconfirmarnos los síntomas.

  • Mantener un estado de ánimo negativo vulnerable derivado de la presencia de un incidente crítico externo (exceso de información en los medios, enfermedad o muerte de un familiar…).

  • Poseer algunos rasgos de personalidad basados en el perfeccionismo, la autoexigencia, el control, la baja tolerancia al error, el pensamiento dicotómico, la necesidad excesiva de aprobación o los altos niveles de expectativas respecto a la vida. ¡Mucho cuidado con el síndrome de superheroína!


Siempre hay esperanza para nuestros miedos

Hasta aquí todo lo que quería compartir contigo sobre nuestro miedo a la enfermedad y los cuadros de la hipocondría y la nosofobia.

Al hilo de todo lo anterior, si te reconoces en el mensaje de “Sandra” o conoces a alguien con estas preocupaciones o que hace este tipo de conductas, no dudes en acudir a terapia.

Tal vez piensas que tú no necesitas un psicólogo, sino un médico, pero puede que ya hayas acudido a varios especialistas médicos y que la preocupación por tu salud lejos de esfumarse haya empeorado.

La ansiedad y la tristeza que sufres, todo el malestar que cada día te acompaña, pueden desaparecer con el apoyo y las estrategias oportunas.

Déjame recomendarte acudir a un profesional que te brinde el oportuno apoyo psicológico cuando sientas que tus intentos de solución no te brindan en bienestar y la serenidad que deseas y mereces.

El miedo a enfermar lleva asociados diferentes tratamientos (distracciones, relajación, reestructuración cognitiva, exposición al problema), algunos de ellos solo aplicables por un psicólogo o una psicóloga.

El tratamiento psicológico deberá centrarse no sólo en las preocupaciones que la persona posee en el ámbito de la salud personal, sino que también se deben trabajar las emociones y las conductas que estas preocupaciones llevan asociadas.

Si crees que puedes sufrir hipocondría o nosofobia y crees que tu miedo a enfermar se está convirtiendo en paralizante, puedes ponerte en contacto conmigo. Encontraremos la forma de ayudarte. 

Nuestro objetivo conjunto implica: transformar tus pensamientos negativos en juicios más razonables. Existen terapias estratégicas muy efectivas para superar el cuadro de hipocondría. Google no cuenta, eso sí. 💡 

Como complemento, a un posible acompañamiento terapéutico, no te pierdas el contenido de nuestros próximos artículos para poner en práctica algunas recomendaciones para reconciliarte con tus principales temores.

Por intentarlo no pierdes nada, y puedes ganar mucho. ¡Tu nuevo intento de solución merece tu mini-esfuerzo de cambio!Me siento vacía y apática con mis logros y mis antiguas metas”

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¡Un abrazo y hasta pronto!

Cris. Decideteycambia.

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Soy Cristina Centeno, psicóloga y expatriada feliz. Te muestro claves de psicología y coaching que te ayudarán a soltar lastres, a zambullirte con humor y confianza en la incertidumbre, a liberarte de tus miedos y tu apatía, a tener más claridad, firmeza y autenticidad a la hora de decidir y cambiar y, sobre todo, a liderar la vida que realmente quieres y mereces.

 

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