Guía sobre la ansiedad para entenderla y afrontarla

¿Qué es la ansiedad y cuándo se convierte en un obstáculo que nos asfixia?

Hoy nos toca destapar juntas el pulpo de la ansiedad

Bueno, casi mejor que dejemos que mi terapiada diamante, “Alicia”, nos ayude a ponerle cara a esta compañera de vida que, aunque no nos mata, nos fatiga mucho.

Comprende con “Alicia” qué es la ansiedad y cuándo muta en un desorden emocional

El testimonio clínico de mi paciente “Alicia” y sus dificultades de ansiedad

Desde hace un tiempo, tras un pico de estrés y un episodio de acoso laboral, se me activó la ansiedad como un sistema de alerta constante.

Esta angustia que me bloquea, me asalta a cualquier hora y sin motivo aparente.

  • A las 7.30 en el metro, el agobio y la ansiedad me consumen y me obligan a bajar del vagón antes de llegar a mi estación.
  • Se me activa la ansiedad las 11h, cuando intento concentrarme en un proyecto de curro.
  • Vuelve, por ejemplo, a las 17h jugando con mi peque.
  • A las 22h emerge en plena cenita con mi pareja, arruinándome la velada.
  • Y la muy puñetera acude a las 3 de la mañana, despertándome con sudores fríos de la cama.

Cuando los tentáculos del pulpo de la ansiedad nos ganan terreno

autocuidado

Estoy dejando de hacer muchas cosas en mi vida, y siento que la ansiedad me está comiendo terreno en mi día a día.

Me noto en un punto en el que, además de vivir con una preocupación permanente, me da miedo todo, hasta lo más sencillo, como coger el metro. Vivo asustada el 90% del tiempo.

Paso todo el tiempo acobardada, anticipando todo tipo de catástrofes y dejando de hacer las cosas que antes hacía con disfrute y naturalidad.

Ahora calculo y pienso antes mil veces cada cosa que hago. Si quedo con un grupo grande de gente, me bloqueo. Estoy empezando a evitar las quedadas grupales, por miedo a que me dé un “jamacuco” o un ataque de pánico que se escape de mi control.

Ya estoy viendo que todo esto puede terminar en episodios de agorafobia, y me acojona enclaustrarme en mi casa con mi ansiedad como carcelera.

Para colmo, estoy durmiendo fatal con tanta obsesión y rallada mental.

Mi mejor amiga insiste en que debería empezar a tratarme con medicación de manera urgente.

¿Por qué sufro ansiedad? ¿Y qué puedo hacer en este punto para tratarla, Cris?

“Alicia”, 44 años. Profesora de formación profesional. Tenerife.

¿Te resuena, tal vez, el angustioso discurso de mi paciente “Alicia”?

Pues comencemos ganando en claridad definiendo y destapando el pulpo de la ansiedad para empoderarnos en nuestra lucha contra este incómodo visitante.


¿Cómo definimos y destapamos el pulpo de la ansiedad?

Primer paso… Diferenciemos los ingredientes del trío: preocupación, estrés y ansiedad

Rescatemos, en primer lugar, que, habitualmente, la gente habla de estrés, ansiedad y preocupación de manera intercambiable como si fueran una realidad única.

En mi consulta y en mi día a día suelo escuchar mensajes del tipo:

  • “El examen me estresó muchísimo”
  • “Estaba preocupadísima por el resultado de la declaración de la renta”
  • “Mi jefe me pone de los nervios y en las reuniones siempre me asalta la ansiedad”.
  • “Siempre ando preocupada y poniéndome en lo peor, cuando siento un dolor de estómago, por ejemplo”.
  • “Cuando el estrés me desborda, me da un ataque de pánico que me deja fuera de combate”.

A pesar de sus similitudes, la preocupación, el estrés y la ansiedad apuntan a diferentes cosas. Si no conocemos las diferencias entre ellas, tampoco dispondremos de las herramientas para afrontar cada una de manera adecuada.

Al comprender la diferencia entre preocupación, estrés y ansiedad, podemos planificar y ejecutar estrategias y acciones que nos ayuden a resolver cada uno de los aspectos o tentáculos de la ansiedad.

¿Qué es la preocupación?

Preocuparse u ocuparse: 4 diferencias psicológicas

La preocupación es la parte cognitiva o mental de la ansiedad. Hablamos de pensamientos rumiantes, repetitivos y con tintes “preocupacionistas” como uno de los ingredientes de la ansiedad.

Entre sus formas y colores, estos pensamientos suelen tener como gatillo el: ¿Y SI…?

  • “¿Y si suspendo mi examen?”
  • “Ay, madre: ¿y si mi jefe termina despidiéndome? Sería terrible”
  • “¿Y si mi pareja me abandona al descubrir mis defectos en la convivencia? No lo soportaría”

Las preocupaciones generalmente giran en torno a eventos futuros o desconocidos. Estas se generan y asientan en nuestra corteza prefrontal, la parte pensante del cerebro que sólo los humanos hemos desarrollado.

¿Se trata de un privilegio o de un regalo envenenado esta forma de hacer predicciones y anticipar escenarios catastrofistas?

Como veíamos en nuestro artículo, Preocuparse u ocuparse: 4 diferencias psicológicas, la preocupación puede ser realmente funcional y adaptativa, en algunos casos…

Si pensamos, por ejemplo, sobre algunos de nuestros problemas una y otra vez, y los enfocamos de manera creativa, podríamos encontrar soluciones para ellos y pasar a una ocupación productiva.

… Cuando la preocupación es excesiva

Sabemos de sobra, sin embargo, que, si nuestra preocupación se convierte en una actividad obsesiva, compulsiva, errática, disruptiva y repetitiva en torno a un miedo, este pulpo de la preocupación nos estrangula.

Este es el mecanismo disfuncional por el que la preocupación excesiva se vuelve en nuestra contra enfermándonos y dando paso a desórdenes de ansiedad y depresión.

Los efectos de la preocupación excesiva en la salud

¿Qué es el estrés?

El estrés es nuestra reacción más psicológica, fisiológica y conductual ante los eventos.

El estrés, a grandes rasgos, es lo que te pasa dentro del cuerpo y apunta a la respuesta de lucha – huida – parálisis/congelación.

Se genera y asienta en nuestro cerebro reptiliano y es una respuesta instintiva e inconsciente.

Así mismo, el estrés ocurre sin la intervención de nuestro pensamiento y es más rápida de lo que podemos llegar a pensar.

Cumple la función perfecta de ayudarnos a responder a sucesos físicos inmediatos o repentinos desactivando alguna de nuestros procesos fisiológicos como la digestión, y activando otros procesos como el aumento de adrenalina para mejorar nuestro rendimiento.

Destapa el lado oscuro del estrés…

Pero, si el estrés no se gestiona adecuadamente y se mantiene como una activación constante de alerta, entonces se convierte en un tipo de respuesta a eventos que realmente no son peligrosos.

Sabemos de sobra también que, si el estrés se cronifica, esto puede generar efectos perjudiciales en nuestro cuerpo.

El estrés crónico se asocia con problemas de corazón, alta presión sanguínea y frecuentes dolencias y malestares físicos.


¿Qué es exactamente la ansiedad? ¿Cómo la diferenciamos esta reacción de la preocupación y el estrés?

Al hilo de todo lo anterior, podemos afirmar que la ansiedad es la intersección de esas dos reacciones:

  • El ingrediente cognitivo de la preocupación

  • Y el componente más psicológico, fisiológico o conductual del estrés.

La ansiedad es una reacción emocional normal a diferentes tipos de eventos y situaciones en nuestras vidas.

La ansiedad se genera y asienta en nuestro sistema límbico.

Podemos entender que la ansiedad, como respuesta emocional e instintiva, es una reacción normal al estrés. Y engloba pensamientos, sensaciones, emociones, sentimientos y reacciones de temor, nerviosismo, previsión, anticipación o vigilancia.

A pesar de que vivenciar esos ingredientes es incómodo o desagradable, podemos afirmar que asaltos ocasionales de ansiedad son naturales y, en ocasiones, incluso pueden ser productivos.

Todas y todos hemos sentido estrés, preocupación y ansiedad de vez en cuando, especialmente cuando tenemos que enfrentarnos a situaciones que pueden resultar estresantes como…

… Un problema difícil en el trabajo, un examen, hablar en público, ir a una entrevista de trabajo o tomar una decisión importante y difícil.

Todo esto es lo más natural. Esto ocurre porque…

La ansiedad es una reacción emocional NATURAL que experimentamos las personas frente a situaciones estresantes y de incertidumbre.

En este caso, nuestra reacción emocional cumple una función útil que permite adaptarnos a la vida.

Una ansiedad adaptativa puede mejorar tu rendimiento

La ansiedad es, por tanto, uno de nuestros sistemas de alerta internos y funciona como un mecanismo defensivo de nuestra mente y nuestro cuerpo ante situaciones potencialmente estresantes, peligrosas o desconocidas.

Al señalar que algo no está del todo bien en nuestro ecosistema interno o externo, la ansiedad podría ayudarnos a evitar peligros y realizar adaptaciones y cambios importantes y significativos.

Este tipo de ansiedad puede hacernos estar alerta, ayudándonos a ser más productivas y a realizar un trabajo, proyecto o examen de manera más eficiente.

La ansiedad nos ayuda a optimizar la vigilancia ante los peligros, hasta aquí todas de acuerdo.

Hasta aquí, la ansiedad parecería hasta una mascota amigable, ¿verdad? 😉

Ansiedad: emoción natural, adaptativa y funcional vs ansiedad como obstáculo o pulpo que nos asfixia

Cuando la ansiedad “se nos va de madre” …

Tal y como le ocurre a “Alicia”, hay momentos en los que la ansiedad, más que resultarnos útil, se convierte en un obstáculo para llevar una vida de manera funcional.

Los episodios ocasionales de ansiedad son completamente normales y uno de los peajes inevitables de estar—y permanecer—con vida. Sin embargo, a veces las preocupaciones, los miedos y la activación fisiológica se salen de control.

La ansiedad, en demasiadas ocasiones, puede convertirse en un pulpo de varios tipos y colores.

La ansiedad: un pulpo de varios tipos y colores

  • Tal y como veíamos juntas en nuestro artículo Los efectos de la preocupación excesiva en la salud, algunas personas estamos preocupadas permanentemente.
  • Otras personas tienen ataques de pánico, obsesiones, fobias o temen por su salud.
  • Muchas personas son terriblemente tímidas o se quedan paralizadas cada vez que tienen que hablar en público.

¿Qué síntomas tiene la ansiedad?

Aunque veremos con más calma los diferentes tipos de ansiedad, en todos los casos anteriores, los signos y síntomas (cognitivos – emocionales – fisiológicos) de ansiedad son los siguientes:

  • La ansiedad es un estado cognitivo de expectativa negativa.

A nivel cognitivo, la ansiedad suele involucrar preocupaciones a un grado intenso y excesivo. Las preocupaciones pueden relacionarse con cualquier aspecto de nuestra vida, desde situaciones sociales hasta dinámicas familiares, salud física y preocupaciones profesionales.

La gente con ansiedad desajustada también suele aferrarse a la certeza irracional de que el peor escenario posible es inevitable (aunque sabemos que en el 90% de los casos no se cumplirá jamás).

  • Así mismo, incluye una emoción o un sentimiento de MIEDO, temor e inquietud.

Las personas que padecen de ansiedad tienden a sentirse inquietas, al límite o irritables. Puede que tengan dificultad para concentrarse o controlar sus emociones.

La angustia o terror de una persona con ansiedad puede ser desproporcionada, en volumen, duración e intensidad y estar drásticamente desajustada con respecto a los retos a los que se está enfrentando realmente.

El camarote de Superación de Miedos

  • Y a nivel fisiológico, la ansiedad puede hacer que sudes, te sientas inquieta o tensa, y tengas palpitaciones.

Entre los síntomas físicos también encontramos: fatiga, temblores, problemas para dormir, dolores de estómago, respiración acelerada (hiperventilación), sudoración, sensación de debilidad o cansancio, problemas gastrointestinales y tensión muscular.


¿Cuándo se convierte la ansiedad en un problema o una enfermedad?

Aunque, como hemos visto, la ansiedad es, en principio, una respuesta adaptativa que nos previene de potenciales riesgos, aún no somos capaces de explicar con precisión por qué sobrepasa la intensidad del estímulo y se vuelve patológica.

Lo que sí sabemos es que la ansiedad se convierte en un problema para llevar una vida funcional y satisfactoria, cuando…

  • Aparecen síntomas de ansiedad sin motivos aparentes.

  • O bien, cuando nuestro nivel de ansiedad ante un acontecimiento es totalmente desproporcionado respecto al peligro real que supone.

Como hemos visto, la ansiedad puede ayudarnos a enfrentar una situación, además de darnos un impulso de energía o ayudarnos a concentrarnos.

No obstante, para las personas con trastornos de ansiedad, la preocupación, el miedo y el descontrol fisiológico no son puntuales: son síntomas frecuentes, disfuncionales y abrumadores.

Coloquialmente, tal y como le ocurría a “Alicia”, nuestro sistema de alarma se activaría, para la huida o para la lucha, a las 3 de la mañana, por ejemplo.

Esta alarma errática se encendería con estridencia, inventando algún tipo de peligro o monstruo, cuando en realidad no hay ningún depredador al acecho que nos quiera devorar.

Cuando la ansiedad domina nuestras vidas, y se desajusta en volumen o duración, realmente nos boicotea o nos hace la puñeta a la hora de relajarnos, sentir alegría o disfrute.

La ansiedad también puede torpedearnos incluso en el momento de hacer elecciones coherentes, como la alarma mal regulada del coche.

Por lo tanto…

La ansiedad se convierte en un trastorno cuando nos consume demasiada actividad mental, emocional y/o fisiológica, o interfiere con nuestras actividades y con nuestro rendimiento.

En definitiva, una ansiedad persistente, descontrolada en volumen o intensidad, y siempre presente y disruptiva en nuestra vida diaria, ya sea en la escuela, el trabajo o con amigos, probablemente apunte ya a un indicador luminoso al que debemos prestar más atención…

¡Alerta de posible desorden de ansiedad! 


¿Cuáles son los tipos de ansiedad?

Siguiendo el trabajo de Burns, la ansiedad adopta muchas formas distintas para su diagnóstico. Comprueba si te reconoces en alguna de las pautas siguientes:

  • Preocupación crónica: te preocupas constantemente por tu familia, tu salud, tu carrera profesional o tu economía.

Se te revuelve el estómago y tienes la impresión de que está a punto de pasarte algo malo, aunque no eres capaz de determinar cuál es exactamente el problema.

  • Miedos y fobias: puedes tener miedo a las agujas, a la sangre, a las alturas, a los ascensores, a conducir, a viajar en avión, al agua, a las arañas, a las serpientes, a los perros, a las tormentas, a los puentes o a quedarte atrapada en lugares cerrados.

Supera tu miedo y tu ansiedad

Conoce los secretos para superar el miedo escénico

  • Timidez: te sientes nerviosa y apurada en las reuniones sociales porque te dices a ti misma: “Todo el mundo parece encantador y relajado. Pero yo no tengo nada interesante que decir. Lo más probable es que se den cuenta de lo tímida que soy y de lo fuera de lugar que me siento. Deben pensar que soy una especie de tipa rara o de fracasada. Soy la única que se siente así. ¿Qué me pasa?”.

  • Ataques de pánico: sientes ataques de pánico repentinos, terribles, que parece como si aparecieran sin más y te atacaran de manera inesperada, como un rayo. En los ataques, te sientes mareada, el corazón te palpita con fuerza y tienes hormigueos en los dedos.

Quizá te digas a ti misma: “Debo de estar teniendo un ataque al corazón. ¿Y si me desmayo, o me muero? ¡No puedo respirar! ¿Y si me ahogo?”. Intentas aferrarte a la vida.

Al poco rato, la sensación de pánico desaparece de manera tan misteriosa como llegó, dejándote desconcertada, asustada y humillada. Te preguntas qué habrá pasado y cuándo volverá a pasarte aquello.

  • Agorafobia: te da miedo estar fuera de su casa porque piensas que te va a pasar algo terrible (que vas a sufrir un ataque de pánico, quizás) y que no habrá nadie que pueda ayudarte.

Puedes tener miedo a los espacios abiertos, a los puentes, a las multitudes, a estar en la cola del supermercado o a viajar en transportes públicos.

  • Obsesiones y compulsiones: te acosan pensamientos obsesivos que no puedes quitarte de la mente e impulsos compulsivos de realizar rituales supersticiosos para controlar tus miedos.

guía decisiones y ansiedad

 Por ejemplo, puede que te consuma el miedo a los microbios y que tengas el impulso irresistible de lavarte las manos una y otra vez, todo el día. O quizá te tengas que levantar varias veces después de acostarse para mirar la cocina, simplemente para cerciorarte de que no te has dejado encendida la vitro.

  • Trastorno de estrés postraumático: te acosan los recuerdos o imágenes de algún suceso terrible que sucedió hace meses, e incluso hace años, como una violación, unos malos tratos, torturas o asesinatos.

  • Preocupación por tu aspecto físico (trastorno dismórfico corporal): te consume la sensación de que tu aspecto tiene algo de grotesco o de anormal a pesar de que tus amigos y su familia te intentan tranquilizar diciéndote que tiene un aspecto normal.

Puede que pienses que tienes la nariz deformada, que te clarea el pelo o que tu cuerpo tiene una forma rara.

Tal vez pases muchísimo tiempo consultando a cirujanos estéticos o mirándote al espejo en el intento de corregir el defecto porque estás convencida de que todo el mundo puede ver lo terrible que es tu aspecto.

Estás segura de que padeces alguna enfermedad terrible, pero el médico siempre te tranquiliza diciéndote que no te pasa absolutamente nada. Te sientes aliviada durante algunos días, pero no tardas en empezar a obsesionarse de nuevo con tu salud.

Conoce el pulpo del miedo a enfermar o hipocondría

 


¿Cuál es la biología de la ansiedad?

Independientemente de cuán real o imaginada sea la amenaza a la que estés reaccionando, la ansiedad emerge como componente emocional en esa intersección entre un estado mental de preocupación y un estado físico de estrés. 

La ansiedad orquestada por una cascada de hormonas que afectan a casi todos los sistemas de tu cuerpo, desde tu atención hasta tu metabolismo energético.

Abrumada por sentimientos negativos, tu mente se activa para estar atenta a los peligros.

El aumento de la excitación física, todo ese nerviosismo y la tensión muscular, está preparando a tu cuerpo para responder a una situación posiblemente adversa.

La ansiedad es esencialmente bien intencionada, con el propósito de mantenerte con vida… En cualquier caso, fatiga bastante, ¿verdad?

Puede que ahora te preguentes: ¿Qué hace que las personas sean vulnerables a la ansiedad?


Indicadores de riesgo y causas médicas de la ansiedad

Cualquiera puede experimentar un ataque de ansiedad debilitante.

No obstante, algunas personas parecen estar inclinadas a la ansiedad…

Algunas personas, debido a sus genes o su temperamento, posiblemente como resultado de la experiencia temprana, a través de la actividad excesiva o insuficiente de alguna área del cerebro, interpretan las situaciones neutrales como amenazantes o reaccionan de manera exagerada a las situaciones amenazantes.

Existen, por tanto, un conjunto de causas médicas e indicadores de riesgo que pueden precipitar la ansiedad

Factores que pueden incrementar el riesgo de padecer un trastorno de ansiedad:

  • La predisposición genética / familiar.

  • Algunas experiencias en la infancia, como un trauma a una edad temprana.

  • Sobreprotección por parte de los padres.

  • La acumulación de estrés por procesos de cambio, crisis o la presencia de alguna enfermedad (dolor crónico, tumores, problemas de tiroides, diabetes, trastornos respiratorios, etc.).

  • Una personalidad vulnerable a la ansiedad u otros trastornos mentales con una arquitectura similar.

  • El abuso de drogas o alcohol.

Estos diferentes ingredientes pueden jugar un papel importante en la formación de una predisposición ansiosa.

Bajo el marco de una predisposición ansiosa, los circuitos cerebrales que controlan la respuesta a amenazas parecen desviarse…

La amígdala, una estructura que detecta el enfado, puede volverse hiperactiva, provocando una advertencia de amenaza, aunque no exista ninguna (ningún león ni ladrón al acecho, por ejemplo).


Unas tristes estadísticas sobre la prevalencia de la ansiedad

Golpes de realidad:

Más de 264 millones padecen ansiedad a nivel mundial.

En España, una de cada diez personas mayor de 15 años ha sido diagnosticada con algún problema de salud mental, según datos del Ministerio de Sanidad.

El 6,7 % de la población de nuestro país está afectada por la ansiedad, exactamente la misma cifra de personas con depresión, y, en ambas, más del doble se da en mujeres (9,2 %) que en hombres (4 %).

Según el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, alrededor de un tercio de los adultos batallan también con un desorden de ansiedad en algún momento de sus vidas, y, una vez más, la condición ataca más a mujeres que a hombres.

De hecho, el Covid no mejoró estas cifras. La OMS alerta de que la prevalencia mundial de ansiedad y depresión aumentó en un 25% durante el primer año de pandemia.

Es más… Si entrásemos en una competición de consumo de psicofármacos, España es, junto a Portugal, el país de la Unión Europea que más ansiolíticos, sedantes e hipnóticos consume.

Los datos sobre el consumo de psicofármacos son alarmantes…

Más de dos millones de españoles toman a diario ansiolíticos, que son de fácil acceso en farmacias, sin necesidad de que exista un diagnóstico específico.

Al hilo de lo anterior, las mujeres doblan a los hombres en el consumo de psicofármacos y son más proclives al diagnóstico de ansiedad, insomnio o depresión, trastornos que conllevan a una mayor prescripción de estas sustancias.

La incidencia de ansiedad en la población infantil: los niños y la ansiedad

Hasta uno de cada ocho niños puede experimentar también una ansiedad significativa.

Sus primeras preocupaciones son estar separados de sus padres. Pero, progresivamente, sus preocupaciones se van ampliando y diversificando por diferentes motivos, desde incendios y desastres que no pueden controlar, hasta discusiones entre sus padres que podrían significar el divorcio.

Los peques también se preocupan por el mundo en general, incluidos los terroristas y los efectos del cambio climático.

Las preocupaciones normales de los niños también se vuelven problemáticas cuando interfieren con el sueño, ir a la escuela o prestar atención en la escuela, o participar en actividades con otros iguales.

Y también deberíamos hablar de ansiedad y salud mental juvenil, por supuesto…

Salud mental juvenil y riesgos de las redes: “Salvados”

Por todo lo anterior, tan importante como prevenir que los casos aumenten es ofrecer un tratamiento adecuado a esas personas y a las que padecen un trastorno como la ansiedad.


Cuándo debemos pedir ayuda profesional: si la ansiedad te asfixia, déjate apoyar

dificultades ansiedad

Consulta y déjate apoyar por un profesional en los siguientes casos que apuntan a un desorden de ansiedad que podría desbordarte:

  • Sientes que te estás preocupando demasiado y que estas rumiaciones y obsesiones interfieren en tu trabajo, tus relaciones y otros aspectos de tu vida

  • Tu miedo, tu preocupación o tu ansiedad te causan malestar y te resulta difícil controlarlos.

  • Te sientes deprimida, tienes problemas con el consumo de alcohol o drogas, o tienes otros problemas de salud mental que empeoran o condicionan tu ansiedad.

  • Piensas que tu ansiedad podría estar vinculada a un problema de salud física.

  • Tienes pensamientos o conductas suicidas (de ser así, procura brindarte un tratamiento de urgencia inmediatamente).

Conoce las mejores prácticas para prevenir un suicidio

Es posible que tus preocupaciones no se vayan por sí solas y que empeoren con el paso del tiempo si no procuras ayuda.

Visita a tu médico de cabecera o a un profesional de salud mental antes de que tu ansiedad empeore. Te recuerdo que es más fácil tratarla si obtienes ayuda pronto.

Y ya para cerrar este post, ¿cómo podemos prevenir la ansiedad?


Prevención de la ansiedad

Ya hemos comentado que no es posible prever con certeza qué detonante o causa concreta hace que una persona presente un trastorno de ansiedad, pero puedes tomar medidas para reducir el impacto de los síntomas si te sientes ansiosa:

  • Pide ayuda enseguida. La ansiedad, como muchos otros trastornos mentales, puede ser más difícil de tratar si te demoras.

  • Cuídate con hábitos saludables y mantente activa. Participa en actividades que disfrutes y que te hagan sentir bien contigo misma. Disfruta la interacción social y tus afectos, que pueden aliviar tus preocupaciones.

  • Evita el consumo de alcohol o drogas. El consumo de alcohol y drogas puede provocar ansiedad o empeorarla. Si eres adicta a cualquiera de estas sustancias, la idea de dejar de consumir puede hacerte sentir ansiosa.

Si no puedes dejar de consumir por tu cuenta, consulta con tu médico o tu psicólogo o bien busca un grupo de apoyo para que te ayuden.

De momento, cerramos aquí esta guía sobre la ansiedad. En los próximos artículos, tendremos oportunidad de retomar este último punto para profundizar en las mejores técnicas para prevenir y manejar la ansiedad.

Te recuerdo que no estás sola y que la ansiedad en todas sus formas se puede tratar.

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La buena vida para ti siempre. Un abrazo fuerte

Cris. Decideteycambia.detalle-ola_cristina centeno

Soy Cristina Centeno, psicóloga y “acanariada” feliz. Te muestro claves de psicología y coaching que te ayudarán a soltar lastres, a zambullirte con humor y confianza en la incertidumbre, a liberarte de tus miedos y tu apatía, a tener más claridad, firmeza y autenticidad a la hora de decidir y cambiar.

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